RECEPTOR EMERGENTE
Los roles funcionales
Antes de introducirnos específicamente en el concepto de Receptor Emergente, considero importante aclarar, de manera general, qué entendemos por roles funcionales.
Los roles funcionales son comportamientos que pueden adoptar y compartir todos los jugadores, independientemente de su demarcación específica en el terreno de juego.
Cualquier jugador puede desarrollar un determinado rol funcional según cómo pueda colaborar con el juego colectivo de su equipo en cada situación y momento del juego.
Por lo tanto, un rol funcional no está necesariamente vinculado a una posición.
El rol puede cambiar.
Esta diferencia es fundamental cuando entendemos el fútbol como un sistema complejo, dinámico y continuo.
No pretendemos establecer comportamientos rígidos para cada demarcación, sino proporcionar referencias que permitan al jugador interpretar qué puede aportar al juego colectivo en cada momento.
Los roles funcionales según el momento del juego
En nuestra metodología distinguimos los roles funcionales atendiendo a dos grandes momentos:
Momento con balón (MCB) / Momento de Disposición del Balón (MDB)
En este momento encontramos:
Portador
Receptor inmediato
Receptor mediato
Fijador
Compensador
Momento sin balón (MSB) / Momento de Obtención del Balón (MOB)
En este momento encontramos:
1.º Oponente
2.º Oponente
3.º Oponente
Superado
Cada uno de estos roles posee características propias que merecen ser abordadas y desarrolladas específicamente en otro capítulo.
Por ahora, esta clasificación nos permite comprender una idea fundamental:
Los roles funcionales no pertenecen a una posición determinada. Pertenecen a la situación de juego.
El jugador puede modificar su rol según las relaciones que se establecen entre balón, espacio, tiempo, compañeros y oponentes.
Y precisamente desde esta concepción surge mi interés por un rol que, aunque durante mucho tiempo realicé de manera instintiva como jugador de fútbol, no había conceptualizado hasta hace aproximadamente tres años y medio:
RECEPTOR EMERGENTE
Existe algo que observo diariamente en el juego y que, cuanto más lo analizo, más importancia adquiere dentro de mi interpretación.
Es la aparición de un jugador que, en principio, no estaba identificado como receptor, pero que emerge como consecuencia de la relación que se establece entre el Portador y el Receptor inmediato.
Para comprenderlo, debemos partir de una acción aparentemente sencilla:
Portador → Receptor inmediato
El Portador ejecuta un pase.
El Receptor inmediato recibe.
Pero la acción no termina con el pase.
El antiguo Portador continúa participando.
Se mueve.
Modifica su posición.
Ofrece una nueva línea de pase.
Genera una nueva posibilidad.
Y, como consecuencia de ese dinamismo, puede convertirse nuevamente en una opción para recibir.
Es entonces cuando aparece el:
RECEPTOR EMERGENTE.
Un rol difícil de prever
Una de las principales características del Receptor Emergente es precisamente la dificultad para prever su aparición.
No es necesariamente un receptor establecido previamente.
No responde exclusivamente a una estructura posicional.
No podemos determinarlo únicamente antes de que comience la acción.
Emergen las condiciones para que aparezca.
El Receptor Emergente nace de la relación dinámica entre:
Portador
↓
Pase
↓
Receptor inmediato
↓
Dinamismo del antiguo Portador
↓
Nueva posibilidad de recepción
El jugador que acaba de realizar el pase puede volver a convertirse en una opción para el nuevo Portador.
Y esta nueva opción puede aparecer en un espacio que, segundos antes, no tenía el mismo significado.
Por eso hablamos de emergencia.
No porque el jugador aparezca físicamente de la nada, sino porque su función como receptor aparece como consecuencia de las relaciones que se han generado.
El Portador que ofrece continuidad
Aquí encontramos, probablemente, el elemento que considero más importante.
El Portador ejecuta un pase al Receptor inmediato.
Pero, en lugar de finalizar su participación en la acción, ofrece continuidad al juego mediante su dinamismo.
El pase no significa desaparecer de la acción.
Al contrario.
El pase puede ser el comienzo de una nueva intervención.
El jugador que pasa puede continuar:
ofreciendo una nueva línea de pase;
modificando su posición;
generando una ayuda;
ocupando un espacio liberado;
arrastrando a un oponente;
apareciendo en un nuevo espacio;
o convirtiéndose nuevamente en receptor.
Por eso considero que el jugador que acaba de pasar puede convertirse en uno de los receptores más difíciles de controlar.
El oponente debe decidir si acompaña su movimiento, si mantiene su referencia o si prioriza la nueva relación con el balón.
Y mientras intenta resolver esa situación, el juego continúa evolucionando.
El Receptor Emergente y los espacios de intervención y ayuda mutua
Desde mi perspectiva, este rol emerge especialmente dentro de los espacios generados por las relaciones de Intervención y Ayuda Mutua.
La intervención permite al jugador participar activamente sobre el juego.
La ayuda mutua permite que esa intervención tenga continuidad dentro de una relación colectiva.
El Receptor Emergente aparece precisamente cuando estas relaciones producen una nueva posibilidad.
No se trata únicamente de ocupar un espacio.
Se trata de estar disponible funcionalmente para el juego.
Un jugador puede comenzar una acción ayudando.
Después intervenir.
Posteriormente convertirse en receptor.
Y, tras recibir, volver a generar una nueva ayuda para otro compañero.
El juego se construye de manera continua.
El dinamismo como generador de receptores emergentes
Aquí aparece otra observación que considero especialmente relevante.
Un equipo con un alto índice de dinamismo genera continuamente nuevas variables.
Y esas variables pueden favorecer la conservación del balón.
Cuanto mayor es la capacidad del equipo para modificar sus relaciones, más posibilidades existen de que aparezcan nuevas líneas de pase, nuevos espacios y nuevos receptores.
Por eso:
El dinamismo no es únicamente movimiento. Es la capacidad de modificar las relaciones del juego para generar nuevas posibilidades.
Un jugador que corre mucho no necesariamente es dinámico.
Un jugador puede recorrer pocos metros y, sin embargo, modificar significativamente una situación.
El dinamismo está relacionado con la intencionalidad funcional del movimiento.
Y cuando ese dinamismo es compartido por varios jugadores, las posibilidades de aparición del Receptor Emergente aumentan.
Conservar el balón no es permanecer estático
Esta observación también modifica nuestra manera de entender la conservación del balón.
Conservar no debería significar simplemente mantener el balón bajo control.
La conservación puede ser una consecuencia de la capacidad colectiva para generar continuamente nuevas soluciones.
Si el Portador tiene una opción.
El Receptor inmediato recibe.
El anterior Portador continúa.
Aparece un Receptor Emergente.
Ese nuevo receptor se convierte en Portador.
Y nuevamente aparecen nuevos receptores.
La conservación se transforma entonces en un proceso dinámico:
Portador → Receptor inmediato → Receptor emergente → Nuevo Portador → Nuevas relaciones
No existe una secuencia predeterminada.
Existe una emergencia continua de posibilidades.
El Receptor Emergente como expresión del juego colectivo
Quizás esta sea la razón por la que este rol me resulta especialmente interesante.
No pertenece exclusivamente al jugador.
Pertenece a la relación.
El Receptor Emergente no existe de manera aislada.
Necesita un Portador.
Necesita un Receptor inmediato.
Necesita compañeros.
Necesita oponentes.
Necesita espacio.
Necesita tiempo.
Necesita movimiento.
Necesita una situación que permita que emerja.
Por eso, cuando hablamos de Receptor Emergente, en realidad estamos hablando de una manifestación del comportamiento colectivo.
El jugador emerge como receptor porque el equipo ha generado las condiciones para que pueda hacerlo.
Del comportamiento instintivo a la conceptualización
Durante muchos años, como jugador, realicé este tipo de acciones sin necesidad de conceptualizarlas.
Pasaba el balón y continuaba.
Buscaba una nueva línea de pase.
Me movía después de pasar.
Intentaba aparecer nuevamente.
Era algo instintivo.
Hoy, desde la perspectiva del entrenamiento y de la metodología, intento comprender qué ocurre realmente detrás de ese comportamiento.
Y ahí encuentro una diferencia importante:
hacerlo no es lo mismo que comprenderlo.
Cuando conseguimos conceptualizar un comportamiento, podemos comenzar a observarlo, entrenarlo, provocarlo y generar contextos que aumenten su aparición.
No se trata de enseñar al jugador:
“Después de pasar, corre hacia allí.”
Eso volvería a convertir el concepto en una instrucción rígida.
Se trata de crear situaciones donde el jugador pueda reconocer cuándo su continuidad puede generar una nueva posibilidad de recepción.
Una nueva mirada sobre los roles funcionales
El Receptor Emergente me lleva nuevamente a una idea que considero fundamental:
los roles funcionales no son posiciones.
Son comportamientos que emergen de las relaciones del juego.
Un mismo jugador puede ser:
Portador
y, segundos después:
Receptor inmediato
Posteriormente:
Receptor Emergente
Y después:
Fijador
o Compensador.
La posición estructural puede no haber cambiado.
Lo que ha cambiado es la relación del jugador con el juego.
Y esto, para mí, es precisamente una de las riquezas del fútbol.
El fútbol como continuo
Si entendemos el fútbol como un sistema complejo, no podemos pretender que todo aquello que sucede en el juego pueda ser completamente previsto.
Las condiciones cambian.
Las relaciones cambian.
Las decisiones cambian.
Los espacios cambian.
Los roles cambian.
El fútbol es un continuo.
Por eso, los conceptos que utilizamos para interpretarlo deben ayudarnos a comprender esa complejidad, pero nunca convertirse en estructuras rígidas que limiten el comportamiento.
El Receptor Emergente representa, para mí, una pequeña expresión de esa complejidad.
Un jugador que no estaba definido previamente como receptor.
Una posibilidad que aparece.
Una relación que se transforma.
Un movimiento que genera una nueva solución.
Una acción individual que adquiere sentido dentro de una relación colectiva.
Y, finalmente, una idea que resume todo este concepto:
El receptor más difícil de marcar es el Portador del balón cuando ejecuta un pase al Receptor inmediato y ofrece continuidad al juego.
Quizás porque, en ese instante, el jugador que parecía haber terminado su intervención...
acaba de comenzar una nueva.
